¿SOÑAR?

 

Cuando vinimos a este lugar que llamamos Anav, (Onuva era como rompimos a llamar, un nombre bastante difícil de pronunciar para los andaluces) decíamos convencidos ¡vamos a construir un santuario, una casa de oración, una casa para pobres, una casa para peregrinos! Lo creíamos con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro corazón. Pero... ¿cómo lo imaginábamos? He de confesar que santuario, para mí era, el Rocío, Loreto, Regla (tres santuarios famosos en la región, el primero en Almonte (Huelva), el segundo en Espartinas (Sevilla) y el tercero en Chipiona (Cádiz). ¡Cómo íbamos a pensar en la pequeña capillita de Onuva! ¿Casa de pobres? Este lugar estaba por un camino difícil de transitar por los coches a 5 kilómetros de la población más cercana, sin luz, ni agua corriente, ni teléfono. ¿Sería posible construir aquí un centro para pobres? En el año1974 era impensable, sólo desde la fe y la fe de los niños que saben que para Dios todo es posible.

Mirar para atrás, es vivir una alabanza sin fin a Dios.

Cómo no recordar con emoción cuando pusimos los cimientos de la casa de Oración, nosotros mismos picando el suelo a azada, pico y pala y Hª Concha yendo cada noche a orar en la zanja abierta.

El plano: 4 habitaciones para acoger a 4 orantes de 1,50 x 2,30 metros y 3 habitaciones más para las hermanas, una habitación más para la acogida y comedor y cocina. Allí vivieron nuestras primeras hermanas consagradas a la oración, su vida contemplativa las preparaba a una donación sin límites a Cristo.

 

Habíamos recibido que Onuva era lugar de reparación y poco a poco fuimos descubriendo que Cristo estaba vivo en su pueblo, como S. Pablo escuchó: "Yo soy Jesús a quien tu persigues». Una voz en nuestro interior nos hizo conocer que cualquier grito de dolor de cualquier ser humano, es el grito de Jesús y pasamos a vivir un estilo concreto de vida: acoger, consolar, servir, ayudar, amar a los que necesitan esto de nosotros.

Casi no nos hemos dado cuenta.

Han pasado ya cerca de 30 años, aquel sueño atrevido se ha materializado. Lo increíble es que casi sin ser conocidos, sin medios de comunicación, sin medios de ningún tipo hoy estamos rodeados de una obra con un volumen considerable: un centro con 45 camas, la casa de oración que puede acoger a por lo menos 20 personas, dos pequeños apartamentos para acogida, nuestras casas, la Nave-Iglesia, el pequeño santuario...

Un olivar perdido convertido en un pequeño paraíso; tal vez lleguemos a tener unas cien especies de árboles diferentes, bosques de conífera, bosques de árboles de hoja caduca...flores diversas...

Un desierto que ha florecido.

Pero cuál ha sido el motor, el secreto, la fuerza que nos ha hecho llegar hasta hoy...

Desde el principio una presencia muy fuerte de la Virgen María, un ponerse muy vivamente a su escucha y como Ella meditar y contemplar en el corazón todo lo que íbamos recibiendo y viviendo.

María nos ha presentado a Jesús, nos lo ha hecho conocer y nos ha invitado a vivir de alguna forma, como Ella, una encarnación de Jesús en nuestro corazón.

 

Un Jesús pobre, vulnerable, frágil; tanto que como bebé lo necesita todo..., tanto que en la cruz sólo puede que darse, tanto que en la resurrección nos lleva a todos.

Hemos aprendido que el Pobre es Él (Anav) y por esta razón donde le encontramos infaliblemente es en cualquier forma de pobreza.

 

Llegamos a descubrir en este proceso de búsqueda, que para construir nuestra comunidad teníamos que acoger a Cristo Jesús en sus sacramentos: la Palabra, la Eucaristía y los Pobres y escribimos en el Libro de la Vida de la comunidad: “sin Biblia tendríamos en la Eucaristía una presencia muda y sin Eucaristía tendríamos en la Biblia la palabra de un ausente”. Jesús no dejó otro sacramento de su presencia existencial en el barrio y en el pueblo, en la chabola del suburbio, en los marginados, en los enfermos de sida, en los ancianos abandonados, en los hambrientos, en los drogadictos... en cualquier forma de marginación.

«Tiene para nuestra fe el mismo valor arrodillarse en oración contemplativa ante el sagrario que encierra la Eucaristía, que arrodillarse junto al lecho del enfermo para curarle o limpiarle.»

 

En el intento de esta realidad, tantas veces nos vinimos a bajo, cuando no comprendíamos los límites sin fondo del sufrimiento, del dolor, de la desesperación, de tantas tragedias humanas con las que nos tocaba confrontamos... El Misterio Pascual vivido cada semana es la clave. Vivir así la semana en torno a la Pascua de Jesús, fue la forma para dar sentido al sufrimiento cuando vivimos lo que dice S. Pablo: «llorar con los que lloran, reír con los que ríen». Desde esta realidad de bajar con Jesús al infierno, acompañarle en su camino hacia el calvario, contemplarle morir en la cruz y experimentar en nuestro interior su resurrección, podremos dar razón a todos de nuestra esperanza.

Conocemos nuestras pobrezas hechas contradicciones de todo tipo, limitaciones, pecados... pero, nada de esto es obstáculo, cuando descubres que Jesús no hace «ascos» de nuestra condición humana y que seguirle no es cumplir leyes y formularios que te convierte en un ser «puro», sino, darte a los demás. No dar a los demás limosnas, de lo que nos sobra, sino compartir todo, dar tu tiempo, dar tus cosas, darte... hasta como Jesús, hacerte uno de los pequeños, el penúltimo, porque como también escribimos en nuestro libro de Vida, el último es Jesús y ese lugar nadie se lo quitará.

 

J. J. C.

 

 


Página principal de la comunidad