Hace 26 años –aunque parece que fue ayer– emprendimos esta aventura.
Vinimos
a Onuva y en nuestra mochila traíamos muy pocas
cosas, pero sí, una gran fe. Nos fiamos de las propuestas de Dios, que El hacía
en lo interior del corazón y se apoyaban en
Durante muchos años, vivimos una vida sencilla de trabajo en el campo, en las construcciones de nuestras viviendas, perseverando en una oración esperanzada.
![]() |
|
Lo que
hicisteis o dejasteis de hacer, conmigo lo hicisteis o dejasteis de hacer |
Poco a poco el desierto iba floreciendo, se fueron uniendo a la causa más hermanos, y como el proceso de una flor que lentamente despliega su belleza, la comunidad fue mostrándose más como reino de Dios.
Para
vivir del Evangelio como las primeras comunidades, con una opción definida por
los pobres, hombres y mujeres de toda raza (Este año al celebrar
Lo más específico de la comunidad es vivir cada semana en tomo a la pascua y entender el grito de los pobres como un misterio pascual, y acoger este grito; es decir, lanzamos al servicio de ellos, de una forma liberadora: la del evangelio.
Aquí, hoy en Onuva, formamos la comunidad:
Tres sacerdotes, una viuda (su esposo, después de 26 años de vida comunitaria, murió como un cristiano), cuatro familias con sus hijos (una de ellas con 4, dos con 3, una con 1), seis célibes mujeres y tres célibes hombres.
Nos
sentimos una comunidad cristiana dentro de
Somos conscientes de la vulnerabilidad de nuestra vida comunitaria, sobre todo por la diversidad de estados y también por las diferentes culturas, pero nuestra seguridad está en el Señor Jesús que nos ha llamado y en el trabajo de cada hermano y hermana en definir su propia vocación, célibe, matrimonio, sacerdote, y empeñarse en ser, con la ayuda de Dios, todo lo posible que nos sea, fieles.
El día a día de
Son las 7:30 de la mañana, silenciosamente han llegado los hermanos y hermanas, y se sumergen en su oración, me fijo en el detalle de cómo se abre la puerta de hierro y cristal, asegurándose de no hacer el mínimo ruido a fin de profanar una atmósfera de plegaria que instintivamente te adentra en la contemplación muy sencillo del misterio de Dios.
A
las ocho, un hermano se levanta y comienza la oración comunitaria, se canta un
himno, se lee un salmo y se proclama un texto de

Pasadas las nueve se comparte en la alegría, muy espontánea y hasta explosiva, el sencillo desayuno que ha preparado el hermano al que le toca ese turno. Pan con aceite o margarina, algunos días mermelada, y hay quien al aceite encima le pone jugo de naranja y se bebe café con leche.
Terminado el desayuno todos van a levantar a los enfermos. El Centro u Hogar de Onuva, tiene 49 camas, dicen los hermanos que es una familia para quienes no tienen recurso. Cada cual puede adivinar, detrás de cada residente se esconde una historia para no dormir; de dolor, de soledad y abandono, cuando no de extrema marginación.
Ducharlos, afeitarlos, vestirlos, curar sus heridas, tirar de sus carritos hasta el comedor; allí otros hermanos tienen preparado el desayuno y amorosamente ofrecen la comida.
Sobre las once, todos están listos. Es para todos otro momento. Los acogidos comienzan sus actividades, unos ayudan en cocina, preparan el comedor, hay talleres de música dos días en la semana, y juego de mesa los otros días, paseo por la finca y siempre un hermano(a) está cerca de ellos. Los días de sol, ¡ya pasó el invierno, gracias a Dios!, salen a la terraza y se juega a la pelota o sencillamente se está hablando o gozando...
Los hermanos, organizados como las hormigas, cada uno a partir de las once va a sus tareas, la huerta, el olivar, los jardines, la oficina, y cada uno hace su turno de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado. Como ellos dicen, es en la oración donde Dios nos sostiene y sostiene toda su obra.
A la una, la mayoría acuden de nuevo al hogar, hacen falta todas las manos, hay que dar de comer a los acogidos. Después se friega y toca la campana para que la comunidad comparta la comida.
En el comedor grande se reúnen los célibes y sacerdotes y las familias que están en el periodo de formación. Las familias comprometidas almuerzan con sus hijos en sus pequeñas casas; sólo se reúnen todos para la comida del mediodía el domingo y los días de fiesta de la comunidad.

Después
de la comida se recoge y continúan los turnos con los acogidos, un tiempo de
descanso, oración y a las 5,30 la campana llama a los oficios de la tarde, se
reza el rosario a
Pasadas
las siete, aunque no hay una hora para terminar, el oficio ha concluido. Pero,
algunos hermanos que no han podido en otro momento, paran para hacer un espacio
a la escucha, a la adoración, al silencio; se quedan en
Se siente el agua que se agita en los aspersores que riegan el césped, y al hermano que refresca las plantas y flores del jardín, los árboles, etc.
A las 8 es la cena de los acogidos, nuevamente se agrupan el mayor número de hermanos y después hay que subirles a las habitaciones para el descanso.
A las 9,30 será la cena de la comunidad, cuando todo está listo, cerca de las 10:30, todos desaparecen cansados en el cuerpo, pero felices de haber respondido a una llamada que se apoya en la palabra del Evangelio.