COMUNIDAD DEL ANAV

 

¿Estaremos acertando al llamar a Jesús el «Pobre» (Anav)?..

Le contemplamos en Belén, en las afueras..., naciendo como en un suburbio (Lc 2, 7).

 

En Nazaret viviendo la ley del trabajo como forma de vida (Mc 6, 2-3).

 

Recibe de Juan el bautismo de conversión situándose en nuestro pla­no, uno más de nosotros, como nosotros, menos en el pecado (Mt 3, 1-16)

 

Toca al leproso impuro, cayendo según la ley en impureza y dice la Palabra «Ya no podía Jesús entrar abiertamente en ciudad alguna, tenía que quedarse fuera en lugares despoblados» (Mc 1, 45). Era este el destino de los leprosos que Él tomo sobre sí. (Is 53).

En la última cena el toma el lugar de los esclavos lavando los pies a sus discípulos (Jn 13, 1-20).

 

Termina en la cruz, la muerte más ignominiosa y escandalosa (Jn 19, 28-37).

 

Jesús Anav, desciendes a lo más profundo de la condición humana, cargas sobre ti lo que más nos pesa de nosotros mismos y llevas en tu corazón lo que más nos hiere.

Tantas veces hemos vivido pensando que soy morada de Dios y Templo de Dios y tantas veces he profanado esta morada y este Templo.

 

Tu nos enseñas «Amaos como Yo os he amado».

 

Cuando en el otro contemplamos la morada y Templo de Dios y le vemos como algo sagrado, cambia nuestra vida.

Hemos dado un salto, de una concepción de moral personal, hemos pasado a verte, a contemplar en el otro el esplendor de tu rostro. Y así al cambiar nuestras relaciones con los hermanos haciéndolas cristianas, hemos cambiado en la totalidad de nuestro ser.

 

Haznos Jesús pobres.

Haznos salir de nosotros y sumergimos en los otros.

Ayúdanos a no juzgar.

Ayúdanos a perdonar.

Danos un corazón sencillo.

Enséñanos a perder y a fracasar por el Reino y en clave del Reino.

Ayúdanos a sentimos bien en el penúltimo lugar, pues, el último es el Tuyo, el más Pobre. ¿Estaremos acertando al pensar y vivir así?

 


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