NUESTRA COMUNIDAD EN EL
ALGARVE
Soy el hermano Pedro de la comunidad del Anav en Portugal. Me gustaría
con estas letras, haceros ver como es la comunidad en este rincón perdido en el
noroeste de la sierra del Algarve.
En
primer lugar y haciendo honor al nombre de nuestra comunidad: es más bien una
«pobre» comunidad pues sólo somos dos hermanas, un hermano y un chico que vive
un tiempo de experiencia que tratamos de hacer el trabajo, en lo que ahora se
denomina aquí «Unidad pastoral del noroeste Algarvio».
Esta comunidad esta formada
por seis parroquias con un sólo sacerdote; nosotros estamos destinados por el
Sr. Obispo a tres de estas, Alcoutim (sede del consejo), Pereiro y Giöes.
Vivimos en la casa parroquial
de Giöes, que es una pequeña aldea justo en el límite de nuestro trabajo.
Quiero deciros que nosotros para hacer la pastoral tenemos que desplazamos
normalmente entre 25 y 40 km; de esta manera tenemos que ajustar muy bien
nuestro programa de actividades y aprovechar al máximo nuestras salidas.
Tenemos bastante claro que
nuestra pastoral aquí sólo la podemos hacer desde nuestra pobreza; por eso
tratamos de adaptarnos al medio de la mejor forma posible: haciéndonos
campesinos y humildes como ellos, tratando de aprovechar cualquier cosa y
circunstancia para darle el prisma de la mirada de Dios.
Nos sentimos adaptados y
aceptados por esta buena gente, tratamos de entrar en sus problemas y sus
alegrías, como uno más de ellos sin ningún tipo de privilegio. Es gracias a esta
cercanía que nuestro trabajo se hace mucho más fácil.
Consideramos
imprescindible la vida comunitaria. Sólo de esta manera podemos transmitir lo
que somos y sentimos; nuestra pastoral empieza de puertas para dentro, en casa,
con una vida ordenada en nuestros trabajos comunitarios y de disciplina en la
oración.
Estamos totalmente unidos e
identificados con el resto de la comunidad precisamente en esto: en nuestra
manera de orar y de vivir la fraternidad.
Os quiero hacer una confesión
personal: ¡qué riqueza la comunidad! Sería imposible vivir aquí siendo
extranjero, viniendo de un ambiente totalmente urbano... si no fuera por lo que
la comunidad aporta en cuanto a sentimientos de fraternidad y sobre todo de
oración.
En estas tierras casi
desérticas, la inmensa mayoría de la población (creo que entre el 70 y el 80%)
es mayor de sesenta años, el índice de natalidad pasa por ser mínimo, las
escuelas locales todas cerraron y ahora sólo existe una en Alcoutim; los
jóvenes estudian fuera y luego solucionan sus vidas también fuera.
Pues bien, viendo este
panorama es fácil detectar que nuestra misión está más valorada por esta gente
ya mayor, quiero deciros que lo que más hacemos son funerales, que es donde
mayor número de personas se suele juntar y aprovechamos esto para hacer
presencia en los velatorios y rezar el rosario con los familiares; luego en
alguna de nuestras salidas solemos visitar a las familias a sus casas, cosa que
aquí la gente agradece mucho.
Ayudamos al padre y hacemos todos los fines de
semana celebración de la palabra en los lugares donde él no puede llegar
(montes y aldeas).
Con los niños tenemos catequesis todas las
semanas en Alcoutim a la salida de la escuela; en la actualidad parece que
vamos a contar con la ayuda de alguna catequista. Solemos tener tres grupos y
cuando termina la catequesis, los llevamos en la furgoneta para sus casas, que
suelen estar por diversas aldeas y montes.
Con los jóvenes nuestro
trabajo es nulo, no llegamos a ellos, porque no suelen tener tiempo, ya que
pasan el día casi entero en el instituto que está en Vilareal de Stº Antonio y
cuando llegan a casa ya es de noche, cenan y se acuestan.
También
animamos grupos de oración y de catequesis de adultos. Es por esta razón que nos
desplazamos a Faro todos los jueves al seminario a estudiar un curso de
Teología para laicos. Este es ya nuestro cuarto semestre.
Me gustaría trasmitiros lo
que siento, pero sé que sólo Dios es el que hace posible todo esto, sentirnos
en sus manos y guiarnos por su Madre.