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VI ASAMBLEA GENERAL DE LA COMUNIDAD ANAV

El 1 de Junio, lunes de Pentecostés, iniciamos la VI Asamblea General de la Comunidad Anav o Fraternidad de la Madre de Dios, con un día de retiro que orientó el Sr. Obispo de Faro, Monseñor Quintas.

Celebración de la eucaristía

EL DON DE LA VI ASAMBLEA GENERAL

En este retiro. Don Manuel nos hizo entrar en el debate e itinerario de cómo mostrar

hoy el rostro de Jesucristo a los hombres, y nos insistió en que, personal y comunitariamente, estamos llamados a ser transparencia de Jesucristo y cómo la misión concreta de la Comunidad es hacer presente o continuar haciendo presente, la compasión de Jesucristo por los pobres y marginados.

Por muy pequeña que sea la Institución -nos decía el Sr. Obispo dirigiéndose a la Asamblea- no vais a celebrar un acto privado, sino un acto eclesial que debe estar marcado por la pluralidad y la alegría de escuchamos unos a otros.

El retiro nos situó a todos y generó una corriente grande de alegría, de optimismo, de búsqueda, de comunión.

Hubieron sorprendentes novedades; la más llamativa, la presencia de los primeros hermanos salvadoreños en la Asamblea, tres concretamente, la más joven treinta años. ¡Todo un signo de esperanza! La presencia de los colaboradores; dos matrimonios; uno representando al grupo de españoles y otro al de salvadoreños. El día 6 de Junio llegó el Sr. Obispo auxiliar de San Salvador, que acompañó los pasos de la fundación en la Arquidiócesis de San Salvador y un gran amigo de la Comunidad; su ayuda fue de gran utilidad en la Asamblea. Y en la tarde del 8 de Junio recibimos el inmenso regalo de la presencia del Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, que presidió una de las sesiones de la Asamblea y celebró la Eucaristía.

El primer día de trabajo se leyó la Memoria General, prácticamente se llevó todo el día. La primera parte nos hizo reflexionar sobre la más reciente historia de la Comunidad, el pasado cuatrienio ¿Qué hemos hecho? Y ¿cómo lo hemos hecho?

En la tarde se trabajó el nivel económico, también sorprendente ¿en que hemos invertido la fuerza económica de la Comunidad? Todo en clave de misión y de fidelidad evangélica.

"No vais a celebrar un acto privado, sino un acto eclesial que debe estar marcado por la pluralidad y la alegría de escucharnos unos a otros"

Ha Concha, al final del día, hizo esta reflexión: ¡Aunque sólo hubiese sido para leer la Memoria General, ya ha valido la pena hacer una Asamblea!

Pero cuántas cosas más nos depararían los días siguientes......

El tercer día comenzó con la Eucaristía del Espíritu Santo y se hizo la elección de la Coordinación General.

Los días siguientes fueron de intenso trabajo de evaluación y programación del cuatrienio. En una Asamblea General se intenta revisar la vida de la Institución en todas sus dimensiones: espiritual, material, misión, miembros que la componen, la situación de cada cual, las Casas, los proyectos, etc., se dan o marcan pautas y la dirección que debe orientar el próximo cuatrienio.

Se hizo mucho hincapié en el hecho de continuar alimentándose de la Palabra; al nivel espiritual, ésta debe ser nuestra tarea fundamental: estudiar, escudriñar, comprender, asimilar y llevar a la vida.

La Asamblea General proponía el estudio del Documento del Sínodo de la Palabra, para hacer más viva la Leccio Divina.

Se trató el sentido misionero de nuestra vida y se abrieron nuevos cauces y campos para la misión.

El Cardenal de Sevilla, al centro, y Mons. Gregorio R. Chávez, obispo auxiliar de El Salvador, a su derecha.

Se afrontó la presencia de los Colaboradores como miembros de hecho de la Comunidad y se presentó un reglamento de vida. En el año sacerdotal, se abordó el sacerdocio en la Comunidad y fue de gran ayuda el trabajo que con nosotros hicieron dos sacerdotes, grandes amigos de la Comunidad; el P. Carlos Coloma y D. Eduardo Vera, Párroco de la Puebla del Río.

Providencial, confortadora, un consuelo del Espíritu Santo, signo del amor de la Iglesia y de la comunión de la Comunidad con la Iglesia, fue la presencia del Sr. Cardenal Arzobispo.

Nuestro Pastor supo escuchamos y sabiamente conducir y confirmar nuestros trabajos. Nos habló de la importancia de volver a la fuente carismática de la obra, a la fidelidad a la Iglesia, y al servicio de los pobres y la misión.

El día 11 fue la penúltima sesión de la Asamblea, que delegó en una comisión la redacción del documento conclusivo. El día 18 de Junio, tras ser aprobado dicho documento, se dio por clausurada la VI Asamblea General.

Sin duda ha quedado en nuestro ánimo la sensación de que parte de la vitalidad de la Comunidad, se deriva de la Asamblea. Han sido meses de mucho e intenso trabajo, pero ha valido la pena. Ahora, con fuerzas renovadas, nos proponemos dar continuidad a lo que recibimos y a tanta ayuda de Dios; dar paso tras paso, en el itinerario marcado en la Asamblea, fruto de ese habernos escuchado, al Espíritu, interpretar los signos de los tiempos y leer en ellos la voluntad de Dios.

Terminada aquella inolvidable sesión de la Asamblea General, en la tarde del 8 de Junio nos dirigimos a la Nave para, en acción de gracias, celebrar la Eucaristía.



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